Al igual que los profesores, los estudiantes tienen también
su onomástica o festividad: Santo Tomás de Aquino, que se celebra cada 28 de
enero. Y del mismo modo que se aprovecha el día del maestro, o del profesor,
para ensalzar los valores de los profesionales dedicados a la enseñanza, es
justo aprovechar un día como éste para recordar lo que entraña ser estudiante y
la importancia de su tarea: estudiar.
Estudiar es, sin duda, una de las tareas más importantes que
puede emprender una persona para crecer como tal, no sólo en conocimiento, sino
en valores y en humanidad. En las primeras etapas educativas, los profesores son los encargados de trasladar gran parte del saber que servirá de bagaje a
los alumnos para el resto de su vida: les ayudará a entender el mundo en el que
viven, y manejarse en él, en busca de su mayor felicidad.
Más tarde, en la madurez, los alumnos tendrán que asumir las
riendas de su propio aprendizaje, ya que, aunque siempre tendrán a maestros o profesores que les seguirán ayudando a crecer, dependerá, más que nunca, de
ellos, poner la voluntad necesaria para aprender, perseverar y avanzar. Por
todo ello, en el día del estudiante, no está de más reivindicar la importancia
de la voluntad, el empeño, la paciencia y la insistencia en el proceso de
aprendizaje y en los estudios.
Como demuestra la experiencia de millones de alumnos y
profesores, no basta con poseer un buen coeficiente intelectual para avanzar en
los estudios, y en la vida. Es necesario añadir a esta cualidad, muchas horas
de estudio y de trabajo. El día del Estudiante, es por todo ello, un homenaje a
todos los sacrificios realizados por los alumnos en su día a día, con la mira
puesta en aprobar, pero también en aprender y abrirse un camino en la vida.
Dicho todo esto, a qué esperamos ¡a estudiar!

